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Amarnos más gracias a la psicología

Publicado el martes, 25 de junio de 2019

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En ocasiones, nos traicionamos a nosotros mismos con tal de conseguir la aprobación del resto. Dejamos de vernos y actuamos con mil disfraces que esconden nuestra auténtica identidad. El inconveniente es el coste que pagamos: una enorme dosis de sufrimiento y soledad.

Querido , perdón por hacerte tanto daño. Ahora que estás frente al espéculo y que tengo el valor de mirarte a la cara, deseo que me escuches atentamente. Tengo tanto que decirte, tanto con lo que lamentarme, que no puedo proseguir viviendo haciendo tal y como si no pasase nada. No es justo.

En más de una ocasión he intentado sostener esta charla contigo, mas no estaba preparada. El temor, la decepción y el sufrimiento por encarar todo cuanto te he hecho en estos años se sujetaban a mi garganta y me impedían expresar cualquier palabra… Prefería hacer tal y como si no pasase nada, en verdad llegué a creérmelo.

¿Sabes? En ocasiones, creemos estar preparados, consideramos que somos fuertes y que podemos con todo, mas asimismo nos engañamos. Y eso es lo que me pasaba: andaba con una venda sobre mis ojos…

Ahora, puedo mirarte a la cara y reconocerte en el espéculo. Ya no huyo de ti ni de mis complejos. Ya no eres invisible para mí. Te veo, me veo, nos veo. Nos admito.

Este rencuentro, este redescubrimiento, me ha hecho muy feliz, mas todavía siento una espina clavada que no me deja gozar por completo de ti. Por el hecho de que ¿qué es una reconciliación sin un lo siento? De ahí que, con la pretensión de robustecer este vínculo, te he escrito esta carta.

Perdóname por tanta incomprensión
Querido , perdón por hacerte tanto daño, sé que a veces no soy suficientemente inteligente. Por olvidarme de ti, por ponerte en un segundo plano, aun por renegar de ti y disfrazarte de quien no eras. Por ocultarte, por ponerte máscaras…

Lo sé. Abochornarme de ti te ha hecho mucho daño. El sentimiento de rechazo es una de las heridas sensibles más profundas que podemos probar. Te he negado y con esto me he negado a mi. Esconder quienes somos es una de las peores traiciones que podemos hacernos. Es volvernos invisibles a nosotros mismos. ¡Y de qué manera duele!

No dejo de dar vueltas a lo mal que pensaba de ti, de mí, de nosotros. El menosprecio que nos tenía. No había nada que hicieses bien. Recuerdo como te encerraba a preguntas para culparte y dejarte apenas sin defensas. Me daba igual si se trataba del físico, la personalidad o bien un comportamiento puntual, apenas podía aguantarte. En esos instante pensaba que no tenías nada que ofrecerme, nada que pudiera valorar…

Querido , perdón por demandarte, por latigarte con palabras destructoras y criticar todo lo que no cumplía con mis esperanzas. Sé que cuando charlaba contigo apenas tenía delicadez y que cuando aguardabas un ademán de cariño, te respondía con frialdad. Perdóname. En vez de abrazarte, me alejaba y eso producía una espiral poco a poco más profunda de malestar.

Son tantos los días que te olvidé; tantas las veces que te acallaba, si bien me solicitaras ayuda por dentro… Lo siento. Me cerré a ti, a mi, a nosotros hasta el momento en que no pude más, hasta el momento en que mi pecho reventó de la presión que sentía y mi ánimo no recordaba de qué forma era eso de sentirse bien, apacible y feliz. Me desmoroné.

Y si bien no le deseo esa situación a absolutamente nadie, merced a mi naufragio descubrí que todavía existías, que estabas ahí, aguardando a que en algún instante volviese mis ojos cara ti. De nuevo, perdón por hacerte tanto daño.

Te planteo un trato
De ahora en adelante deseo que este vínculo que tenemos sea diferente. Deseo resguardarte. Por este motivo, te planteo un trato: apostemos por nosotros. Yo por ti y tú por mí. Seamos uno, en vez del falso héroe y el verdugo. Seamos cómplices.

Prometo escucharte, si bien en ocasiones me duela. Sé que tienes cosas esenciales que decirme. Ahora no voy a quitarte la voz, todo lo opuesto. Si está en mi mano, voy a hacer que te expreses más fuerte. Deseo conocerte, redescubrirte, conocer cada detalle de ti: lo que te agrada y lo que no, lo que se te da bien y lo que tienes pendiente… Todo.

No te aseguro que no te haga daño, eso es imposible. Todos cometemos fallos, mas lo que sí te digo es que no voy a hacer nada con mala pretensión y que voy a pensar en nosotros. En nuestra dicha, en ser quienes somos. Pues tras probar mil disfraces me he dado cuenta que si no es contigo no es con absolutamente nadie. He saboreado el coste de la traición y puedo decirte que es una de las peores experiencias que he tenido.

Te respetaré y en el momento en que te sientas mal, simpatizaré contigo. Me voy a poner en tu sitio, en todo cuanto has vivido, voy a tratar de entenderte. En vez de culparte, de pesquisar en los porqués, averiguaré en tus para qués. Pues solo de este modo voy a poder comprender qué te sucede, qué te remueve y qué te preocupa.

Voy a abrazar tus temores y tus heridas. Todo lo vivido me ha enseñado que no se avanza si no se dialoga, se escucha y se entiende. Batallar desde la saña y el odio solo me aparta de ti y me hunde en el desasogiedo, la tristeza y el dolor. Y no deseo eso ni para ti, ni para mí.

Sé que la vida es dura y que va a haber instantes de tensión y descalabro, momentos en los que nos agradaría no seguir o bien mudar de camino, mas permíteme recorrerlos junto a ti. Sé que te he hecho daño, que te he decepcionado, mas vamos a procurarlo.

Deseo edificar contigo puentes cara el bienestar y la aceptación. Deseo que seamos uno en lugar de 2, deseo que este vínculo medre y nos llene de paz y amor. Deseo regresar a cogerte de la mano para no soltarte esta vez.

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